Con la cabeza baja, los brazos hacia atrás y el alma rota: así cargó Ismael Rivera el féretro de su compadre por las calles de Santurce. Rafael Cortijo murió el 3 de octubre de 1982 y Maelo encabezó el cortejo fúnebre 3 días después, bajo un esfuerzo que pronto le pasó factura.
Entre lágrimas y sofoco, parecía estar a punto de desmayarse mientras la gente que caminaba a su lado lo asistía abanicándolo, secándole el sudor y dándole agua para que no cayera al suelo por deshidratación. Más de 15.000 personas se congregaron para despedir a Cortijo, en lo que fue una de las grandes manifestaciones de duelo popular de Puerto Rico.
Edgardo Rodríguez Juliá, en su histórico libro 'El Entierro de Cortijo', relató que el sudor de la frente de Maelo caía casi a chorros sobre el asfalto hirviente de la calle Providencia. Al borde del colapso físico, pero negándose a parar, 'El Sonero Mayor' llevó hasta el final al hombre con quien revolucionó para siempre la historia de la música.
[Cortesía documental: Bakiné para un Maestro: El Entierro de Cortijo (1985), de Kino García. Archivo UPR - Recinto de Río Piedras]